Katástrofekalós

Visionar cosas con la herramienta: los ojos

Hoy no hay introducción chachipistachi. Hoy el mundo me ha fallado. A decir verdad, suelen fallarme muchas cosas, por ejemplo la memoria. Tengo pocos recuerdos de los últimos 3 o 4 años; es como si quisiese olvidar todo de golpe. 

Hoy toca hablar de experiencias, pero de experiencias que están: perita. De las que molan, vaya. Todo esto viene a raíz de una petición, a la cual como veis he accedido.

Esta tarde intenté ponerme a ello, pero no me asaltaban los recuerdos. Era una nube de polvo en medio de mis pensamientos. Visto lo visto, pedí algo de ayuda a una chica (una muy especial). Le dije que tratase de recordar el viaje, que me contase qué vivió. Al fin y al cabo la realidad es una, y solo se transfigura en nuestra concepción de individuos.

En fin, en ese momento hubo un vacío. Un espacio en el que esperaba una respuesta. Mientras me dediqué a meditar

Dicen que la parte buena de la vida se mide en momentos. Hasta ahí todos podemos estar de acuerdo. Ahora bien, ¿Cuánto duran? ¿Cuándo aparecen? ¿Cómo funcionan? El primer día que uno ve la nieve, bromas recurrentes de primaria, una película... ¿Cómo puedo recordarlo? Secuencias exactas de poco más de 5 segundos, incluso 10 años después.

Como dije, a veces me falla la memoria. Me sorprende que sea capaz de recordar datos minúsculos de situaciones extra-triviales (El 4 de julio de 2009 vi un mastín gris con los ojos dorados, se llamaba Timber) y no sea capaz de recordar experiencias tan locas como "Italia"; Italia pero entre comillas. Es todo lo que supone salir del país, incluyendo una experiencia (por suerte o por desgracia) irrepetible.

¡Oh! Es Lora. *3 Mensajes nuevos*

En lo que veía los mensajes he empezado a recordar algo, pero algo muy trivial, cómo no. Recuerdo muy lúcidamente la noche anterior. No pude pegar ojo, no más de una hora. El avión salía a las 7, llegaríamos a las 9 a Roma. Yo mientras tanto, andaba desvelado, iba pendiente del reloj.

[Seré sutil, elegante y épico]

No preguntéis cómo, no preguntéis por qué, pero me tomé muy en serio eso de llegar con tiempo. A las 4 y 47 de la mañana estaba llegando al aeropuerto con mi madre (Pobrecita, le jodí una noche de sueño). Actualmente también suelo llegar pronto cuando quedo, pero poco a poco me voy corrigiendo.

En fin, quedaba una larga espera por delante. Recuerdo que vi a un señor asiático muy gracioso, iba con un traje oscuro, llevaba un maletín en una mano y en la otra su maleta que... ¿Qué? Qué. Una maleta rosa fucsia con un estampado de platanos. La comedia abriéndose paso. De nuevo.

Se iba acercando la hora de despegar, ya llegaban esas personas de última hora. Total, hora de embarcar. Sin saber qué ocurrió por el camino, me traslado a mi asiento. Veo desde ahí a una gran parte del curso. Recuerdo que cuando despegamos me mareé mucho, parecía un MOÑECO tonto. 

El trayecto fue ameno, nada a destacar EXCEPTO por unos pequeños hijos de mil Dalas. Al aterrizar. NO. SE. APLAUDE. AAAAAAAAAAA

En fin, todo fue perita hasta poco después de llegar. Yo llevaba ya unas 9 horas en pie como quien dice, con unos considerables nervios a flor de piel. Yendo al grano, me estaba meando, pero a un punto al que jamás había llegado. Me DOLÍA vivir. Traté de resistir unas horas, pero no parábamos. Fue entonces cuando busqué a un profesor: "Jose, ¿cuándo vamos al hotel?". Su respuesta fue clara "Por la noche, el primer día lo pasamos prácticamente fuera". 

Se detuvo el tiempo, una parte de mi sabía que no iba a aguantar, pero otra... otra no quería sucumbir a las pasiones. Después de un tiempo de debate interior, decidí alejarme del grupo (que estaba esperando al autobús) e ir a buscar un rincón apartado. Encontré un arbolito, el cual iba a ser víctima de mi: pipí. Lo miré de frente, sin asustarme. Decidido. Determinado. Bajé mi bragueta y... no tuve piedad.

"Toma, nútrete o muere, pequeño hijo de la naturaleza."

En pleno apogeo de la hazaña algo me recorrió como un escalofrío. Notaba una presencia. Sin dejar de inundar el páramo, decidí torcer mi cabeza y observar que había tras de mi. Mis ojos tan solo vislumbraron un reluciente uniforme con forma humanoide y rostro difuminado que me miraba. No veía sus ojos, pero sabía que me miraban; iban a por mi. Esto suponía una afrenta internacional. Sin embargo, el uniforme con rostro no supo reaccionar, se volvió de un tono rojizo por la parte superior, y con un gesto similar a una despedida, se fue del escenario. Para aquel entonces, yo seguía con la polla fuera. Acabé con la vida que había alrededor y me fui de nuevo con el grupo.

De ese viaje no saqué nada formalmente. Los sitios sí, molaban, pero no sabía nada de ellos ni me provocaban nada. Eran... distintos. La parte buena fue la oculta, la que ocurría en el autobús, en las calles.

Una escena que no debe ser olvidada por nadie (Porque sí todo el mundo la vio) fue la de "La Teta": Yo iba solo en el autobús. Había gente detrás, pero nadie se sentaba al lado. Un afortunado día, cierta persona decidió sentarse a mi lado; esa cierta persona era de confianza y se durmió en mi hombro. Pasado el rato, yo también caí en los brazos de Morfeo, y me sobé como un: cabrón. Las horas pasaron.

Al abrir los ojos, todo parecía normal. La gente iba a su rollo, esta chica dormía y yo... yo tenía una mano agarrándole la teta, pero además con pasión, como si le fuese la vida en ello. Una vez corregido mi gesto, al poco oí unas voces detrás de mi. Esas pícaras voces fueron artífices de esta maquinación. Resulta que, cuando ambos quedamos dormidos, estos se dieron cuenta y lo aprovecharon. Agarraron mi brazo con ligereza, y ajustaron mi mano de modo que esta se acabaría posando sobre su teta con toda la tranquilidad y suavidad del mundo. Pero ellos no contaban con el subconsciente de un yogurín de 15 años, el cual se aferró a esa teta igual se aferraría a la vida. Como si se tratase de un gancho de feria, mi mano se acopló al volumen que tenía bajo ella, y con un gemido de plenitud (similar al de una tortuga copulando) descansé.

Yo me reí.

En ese mismo autobús también ocurrieron más cosas. La chica a la que antes pedí ayuda estuvo presente en ese periodo. Allí, descubrimos juntos lo que eran los BUCLE-BUCLE-BUCLE [PAUSA] TEMPORAL (La verdad es que esa etapa de mi vida era la droga) así como la palabra latina MIHI (gracias panteón por darme tanto, aunque luego hablaré de ti)

Todo eran risas y jocosidades, incluso con lo más tonto: Recuerdo que nos reímos de una tienda que se llamaba SABO. El chiste se cuenta solo. Entre esa chica y yo surgió una actitud muy particular. Un gesto con pleno sentido en un contexto y completamente carente de fin o causa si se encuentra descontextualizado. Nos tocábamos mutuamente el codo simulando relaciones sexuales. Hasta nos enviabamos nudes cuando no existía el palabro NUDE.

El Panteón estuvo muy padre. Seré breve: Entré con el grupo, y salí solo con un palo-selpi. Literalmente me rodearon 5 señores magrebíes que querían venderme palos de selfie. Perdí al grupo. Finalmente me encontré con ellos (y no fui el único en perderse). Disfruté estando en paradero desconocido, estaba un poco más cerca de la muerte que de la vida.

Por otro lado, en los hoteles se hallaba toda la magia. Al finalizar el día, todos nos reuniamos allí. En la habitación surgía la magia, y no hablo de follar (Leonardo, violador, pervertido, guarro, sucio). Recuerdo el primer día en el hotel; a la gente le dio por saltar de balcón en balcón, llamar con el fijo de la habitación a los vecinos, hacer carreras en el pasillo con las maletas... Ni 15 minutos aguantamos con los móviles, pronto nos los requisaron. Vivir allí era vivir en anarquía.

Relacionado con esto, recuerdo un hotel muy curioso en el que eramos la única habitación que no tenía puerta. Literalmente. No había. No. Sin puerta. Doorless. Para más inri, la puerta del baño estaba descolgada. Empleando las neuronas tomamos una decisión: Hacer guardias cuando la gente se estuviese duchando para tapar-destapar el baño, y cuando este estuviese libre, usar la puerta como una puerta de verdad. Para que la gente no nos viese dormir.

No voy a hablar de arte, ni me voy a poner profundo. No es el momento. Sin embargo voy a narrar algo que quedará en los anales de la historia:

Carles (aka un pabo) nos acompañaba en la aventura de explorar Venecia. Esta ciudad es conocida por los canales, y las infectas aguas putrefactas que los componen. El atrevido, vivaracho y pizpireta Carles tomó una importante decisión: Emplear la razón le llevó a querer embotellar agua del manantial natural que es Venecia. Una hazaña bastante perita, todo sea dicho. Aqueste señor se dirigió decidido a atrapar las aguas en un envase plásrico que él mismo portaba. Sus pasos eran claros, bajaba los escalones al compás. Era una composición armónica surgida de la aleatoriedad de la naturaleza o de la providencia del destino. Sea como fuere, nuestro héroe decidió aferrarse a: un barrote, redirigiendo su centro de gravedad hacia atrás a la par que extendía su brazo con el envase en dirección al agua. Todo parecía ir bien hasta que cayó estrepitosamente a las aguas. En ese preciso momento todos le dábamos por muerto, pues de su boca solo había salido un pequeño suspiro en voz alta ("a") prontamente escondido por las ondas sonoras que provocaban las aguas pseudofecales. Nos apresuramos a ayudarle entre risas y acongoje. Cuando sus brazos se alzaron de entre la opacidad del líquido, todos nos aliviamos. Claro que, como si de una fábula se tratase, la lección moral llegó pronto. Su húmedo y ahora oloroso torso emergía de las aguas lodosas, apoyaba sus manos en la firme piedra que le había traicionado una vez y que ahora le volvería a traicionar porque oh, cayó de nuevo con otro gemido aspirado. La gente del local aledaño se escondía tras las risas y unas toallas para el noble héroe: Carlevi.

La leyenda cuenta que se va a cagar en mis muertos por recordar todo esto. UwU.


A día de hoy no solo saco recuerdos de todo esto. Tengo a mi vera un grupo con gente a la que, insisto, quiero llamar amiga. Todo vino de aquí, de estos días, de los bucles, de perderme, de la famosa teta, de todas las cosas que decidí compartir con ellos allí, en ese momento... pese a todo lo que me ocurriese, pese a mi carácter, pese al contexto. Esa gente me hizo sentir confianza; y no, no recordaré la mitad de las visitas ni muchas conversaciones, pero a cambio guardo momentos y experiencias que de ninguna otra forma podría haber vivido. Italia no ha sido mi experiencia, lo habéis sido vosotros. Vosotros, y muchos más que no digo, sois "Italia". Sois mi recuerdo de mañana.

Gracias a todos.

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